Hay patrones con los que navegar parece fácil.
Salen del puerto sin prisas, apenas dan órdenes, la tripulación está tranquila y, cuando llega el momento de atracar, todo parece suceder con bastante naturalidad.
Pero no es casualidad.
Mientras los demás disfrutan de la navegación, un buen patrón lleva un buen rato observando, anticipándose y tomando pequeñas decisiones. Muchas pasan completamente desapercibidas para quien va a bordo.
Estas son algunas de ellas.
1. Antes de soltar amarras ya sabe de dónde viene el viento
La navegación no empieza cuando dejamos atrás el puerto.
Antes de arrancar, un patrón ya ha consultado la previsión meteorológica, ha observado el viento en el propio amarre y tiene bastante claro qué se va a encontrar al salir.
Y saber de dónde viene el viento también importa dentro del puerto.
Condiciona cómo separaremos el barco del pantalán, qué amarra conviene largar primero o cómo responderá la embarcación cuando dejemos de estar sujetos.
Mientras alguien pregunta «¿nos vamos?», el patrón probablemente lleva unos minutos pensando cómo hacerlo.

2. Cuando tú ves un día estupendo, él mira unas cuantas cosas más
Sol, cielo despejado y buena temperatura. Parece el día perfecto para navegar.
Puede serlo, pero un patrón necesita bastante más información.
Dirección e intensidad del viento, posibles rachas, estado de la mar, visibilidad, evolución de las condiciones durante las próximas horas y cómo encaja todo eso con la navegación prevista.
La meteorología en el mar no consiste simplemente en consultar si mañana hará bueno o malo.
Consiste en saber interpretar qué condiciones vamos a tener y decidir en consecuencia.

3. No solo mira hacia donde va
Cuando empezamos a navegar es muy habitual concentrar prácticamente toda nuestra atención en la proa.
Un patrón no puede hacerlo.
Observa lo que tiene delante, pero también los costados y la popa. Controla otras embarcaciones, sus rumbos, las distancias, las referencias de tierra, el tráfico y cualquier cambio que pueda afectar a la navegación.
También comprueba instrumentos y posición, pero sin dejar de mirar fuera.
Puede parecer evidente, aunque no siempre lo es: en un barco no basta con saber hacia dónde vas. También necesitas saber qué está ocurriendo a tu alrededor.

4. Siempre tiene algún «¿y si…?»
¿Y si aumenta el viento?
¿Y si el fondeadero que habíamos elegido está demasiado expuesto?
¿Y si cambia el tiempo?
¿Y si alguien se encuentra mal?
¿Y si tenemos que regresar antes de lo previsto?
Un patrón no navega pensando que algo tiene que salir mal, pero sí intenta tener alternativas.
Por eso conoce los puertos cercanos, controla su posición, vigila la autonomía, sigue la evolución meteorológica y procura no encontrarse con un problema cuando ya tiene pocas opciones.
Buena parte de la seguridad en el mar consiste precisamente en eso: anticiparse.
5. Un atraque empieza mucho antes de llegar al pantalán
Desde fuera puede parecer una maniobra de unos pocos minutos.
Para el patrón ha empezado bastante antes.
Ha observado el viento, ha decidido cómo aproximarse, ha reducido la velocidad, ha preparado cabos y defensas y ha explicado a la tripulación qué necesita de cada uno.
Y esto último es importante.
Una maniobra bien preparada suele necesitar pocas órdenes. Todo el mundo sabe dónde colocarse y qué tiene que hacer.
Cuando un atraque sale realmente bien, muchas veces parece que no ha pasado nada.
Precisamente de eso se trata.
6. No necesita demostrar que es el patrón
Hay una imagen bastante extendida del patrón dando órdenes continuamente mientras el resto de la tripulación corre de un lado para otro.
En la navegación real, normalmente preferimos justo lo contrario.
Hablar claro, explicar las maniobras antes de hacerlas y conseguir que cada persona sepa qué tiene que hacer.
Si alguien tiene poca experiencia, se le explica. Si una maniobra puede prepararse con tiempo, se prepara. Y si algo no sale a la primera, se vuelve a intentar.
Navegar bien no consiste en hacer muchas cosas deprisa.
Consiste en hacer las necesarias y hacerlas con criterio.

7. A veces, la mejor decisión es quedarse en puerto
Probablemente sea una de las lecciones más importantes que aprende cualquier patrón.
Tenemos el barco preparado, la tripulación ha llegado, llevamos días esperando la salida y todos tenemos ganas de navegar.
Pero las condiciones no acompañan.
En ese momento es muy fácil intentar convencerse: «tampoco parece para tanto», «seguro que luego baja», «salimos y vemos qué tal».
Un patrón debe saber cuándo puede salir y también cuándo es mejor no hacerlo.
Darse la vuelta, cambiar el plan o quedarse amarrado no convierte a nadie en peor navegante.
Muchas veces demuestra justamente lo contrario.
Ser patrón es mucho más que llevar el timón
Cuando empiezas a estudiar una titulación náutica aprendes navegación, balizamiento, reglamentos, meteorología, seguridad, maniobras…
Todo eso es imprescindible.
Pero después hay que llevar esos conocimientos al barco.
Hay que equivocarse, repetir maniobras, aprender a interpretar el viento, tomar decisiones y acumular millas. Con el tiempo empiezas a hacer de manera natural cosas que al principio requerían toda tu concentración.
En Ociovela tenemos muy clara esa parte de la formación.
Nos gusta enseñar la teoría y entender el porqué de las cosas, pero también salir al mar. Para eso contamos con nuestro propio barco escuela, Atamán, un velero de 12 metros en el que nuestros alumnos realizan sus prácticas y siguen ganando experiencia a bordo.
Porque obtener una titulación es importante.
Aprender a ser patrón viene después.
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Si llevas tiempo pensando en obtener el PNB, PER, Patrón de Yate o Capitán de Yate, o ya tienes una titulación y quieres ganar experiencia y seguridad a bordo, en Ociovela podemos ayudarte a seguir avanzando.
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Nos vemos a bordo.
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